No es preciso aventurarse a países exóticos para capturar paisajes «espectaculares» de lugares desconocidos. Mi desafío consiste en retratar lugares cotidianos que a menudo pasan desapercibidos para la mayoría. Son rincones modestos de nuestro entorno cercano, que raramente detenemos para apreciar en su totalidad. Este desafío personal implica entablar un diálogo con mi ciudad y los lugares a los que regreso, pero no desde la nostalgia, sino con una perspectiva renovada de futuro.
Nuestra memoria se entrelaza con el paisaje que nos rodea, y a su vez, el paisaje nos conecta con nuestro pasado y presente. Como expresó John Ruskin, «debemos acercarnos a la naturaleza con la máxima resolución y sinceridad… no rechazar nada, no seleccionar nada y no despreciar nada». En cada rincón común y aparentemente insignificante, encuentro una historia por contar, una belleza por descubrir y una conexión con mi entorno que trasciende el tiempo y el espacio.